jueves, 4 de febrero de 2021

No renacer hermosa,

parto de la ceniza y de la muerte,

como fénix gloriosa,

que su linaje entre las llamas vierte,

quien no sabe de amor y de terneza

lo llamará desdicha, y es fineza.



sábado, 17 de febrero de 2018

La vida, sus raíces, y sus flores

Somos plantas. De esquejes nacemos.
La ignorante savia de nuestros padres corre por nuestras venas.
Durante toda una vida, distintos vientos nos empujan, pero de la misma tierra nos nutrimos.
Y el Sol, pues ahí está, a veces sí, a veces no.

La vida es radical. El Status Quo es inherente a la vida.
Regis Deus Gratia, y también Miserabilis Deus Gratia.
Los miserables sólo saben morir como miserables.
Y no desean otra cosa, por mucho que, como miserables que son, se lamenten.
Pero los reyes no sólo saben morir como reyes, ellos conocen la vida del vulgo mejor de lo que quisieran.
Pero morirán como reyes porque, pues la vida es radical, no desean otra cosa.

¡Y qué radical parece, quien a rey aspira! ¡Y quien a miserable aspira, vaya radical!
Pocos se conocen de esta última especie: S. Francisco de Asís, Simone Weil.
Pocos se conocen también que en rey se convirtieran.
Normalmente, quien a rey aspira, no en rey se convierte, sino en un vulgar empoderado, como tantos dictadores de Sudamérica de ayer y de hoy, o muchos de nuestros actuales políticos. Nunca llegan a ser reyes.
Igualmente, quien a miserable aspira, no en miserable se convierte, sino en un presuntuoso bo-bo que para o desde el vulgo actúa, pero aún con un poder magnífico. Como aquel que lo vendió todo para poder morir viajando, o pintando. O aquel que aún tiene ese colchón. Nunca llegan a ser miserable.

Como plantas, somos lentos en la reacción, y tan sólo tenemos:
La tierra local, que tragamos.
Los vientos temporales, que nos empujan.
Y la luz del Sol, que nos guía y fortalece.

Pero quien desea aspirar al Sol,
debe dejarse guiar por Él,
debe fortalecerse en Él,
y tomar de su tierra, y de los vientos, no más de lo que necesite.

Tanto médico, que nace médico y muere médico.
Tanto gitano, que nace gitano y muere gitano.
Tanto rey, que nace rey y muere rey.
Y tanto miserable, que nace miserable y muere miserable.

¿Es de verdad tan radical, olvidar sus raíces, y llegar a ser quien uno ya es?
La luz calienta, mueve el mundo, y deja ver quién es quién para aquellos que desean ver.

¿Quién soy yo? ¿Soy mi tierra, y los vientos que tientan mi deseo?
¡No! ¡Nunca fue el universo tan estrecho, hoy tampoco!

Dime, tierra, ¡dime sabia! ¿Quién es el maestro? ¿Quién conoce a quién?
¿Me conoces hasta determinarme?
¿O soy yo quién te conoce y te secuestra, y a todos tus ancestros, para crecer hacia la luz?

Decidme, vientos, ¡decidme plantas! ¿Quién es el maestro? ¿Quién conoce a quién?
Sabéis como nacisteis, y así cómo moriréis, ¿y qué sabéis de mí, cumplo vuestras expectativas?
¿O soy yo quién hacia la luz en vuestro respiro se mece, y sois vosotros quiénes cumplís las mías?

Conclusión:
Las decisiones vitales suelen ser radicales, pero las más radicales no sólo carecen de raíz, sino que a todas alberga y a todas concierne.
Y sólo por las flores se conocen los frutos.

sábado, 20 de enero de 2018

Geistige Gesundheit!

Wörter ohne Buchstaben werden kaum ausgeatmet
Und ich kaum stehend klamme mich am Holz,
Um das bittere, bevorstehende Los,
plötzlich bei Ihr zu entdecken, und in Gesundheit zu ertragen.

Wie gesund kann das sein, ins Leere zu treten!
Am Rand des Abgrunds zu tanzen, zu lieben,
Was für eine Krankheit ist diese,
Zu fühlen, und dass die Gefühle nicht erwidert werden.

Entweder Krankheit oder Gesundheit,
Die Natur dieses geistigen Sturms,
wird nur von einer Bayrischen Ärztin bestimmen werden.

domingo, 29 de mayo de 2016

Désir

Radiance au sens pur. Pureté tellement radiante.
Le désir impossible, un rêve jamais conçu, devient incontournable réalité souhaitée.

Le doux brui du gaz sonne, et je suis dedans. Le globe monte en dessus des nuages.
Le soleil, charmant, caresse mon cœur, et lui ouvre une nouvelle pièce remplisse d'or. Ou c'est du feu?
L'air tranquille, et silencieux, lui parle de l'avenir, des paroles d'espoir et de confiance. Ou ce sont de vie?

Le globe voyage, et je suis dedans. Mais je suis où?
Je suis un orage. Où chaque pensée devient folie. Et chaque sentiment, de la passion. Je vois le globe percé et volant au même temps, la dichotomie de l'incertitude. Une incertitude que seulement ces qui conduisent le globe peuvent résoudre.

Voilà, je décide la résoudre. Je deviens l'air et le soleil. Le feu et l'avenir.
Et je décide croire qu'elle, le désir impossible, est réelle.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Drei Rätsel

Die Sonne ist nicht,
im Himmel kann fliegt,
und woher kommt?
Aus einem kleinen Mond.
Noch einem Hinweis:
Freiheit ist.


Dein ganzer Welt erhelle,
auch den Himmel in alle Farben male.
Rot wird dein Herz,
mit Wahnsinn erfüllt dein Geist,
Schlaf, Traum und Wache, dasselbe ist.
Strahle ich, das Roherz.


Die Sonne du erleuchst,
und den Himmel du erblickst.
Deine Bewegung in Anmut fließen,
und dein Befühlen kann man hören.
Weil Musik nicht nur deine Stimme ist,
kannst du bitte das Lied raunen?


domingo, 16 de noviembre de 2014

Der Suche des Mond

Durch den Tiefe der schwarzen Nacht,
schwebt ein silbern Strauchelnde.
Ein kühlend Wind fließt zwischen den Bäumen, sie Grüsen ihn.
Zwar grüßte sein Lächeln zurück, aber seine Augen auf Sie harrten.

Sucht der Mond immerzu ein Licht in der Dunkelheit.

Das Feuer des Berg ist Glanz.
der glitzernden Blitz spaltet den Himmel,
unendliche kleine aber leuchtende Muttermale des Raum
versuchen seinen Blick zu erschmeicheln, aber seine Augen auf Sie harrten.

Sucht der Mond immerzu ein Licht in der Dunkelheit.

In seinem Verzweiflungpfad schwebt der Suchende
über einen stummen See am Fuß der Berge.
In Einsamkeit betrachtet er seinen eigenen Schimmer
in einem zunehmenden Blau.

Plötzlich fühlt er einen leuchtenden Lied,
eine warme Stimme erhebt sich aus des Gebirge.
Schon ist sie angekommen.

viernes, 27 de junio de 2014

Liebessturm

La tormenta se cierne sobre mí

Agudas son las agujas que el corazón alojó.
Dolor lacerante.
Palpitante desdicha, este corazón.
De virtuosa sangre ajena,
que entre los agujeros del alma se deslizó.
Esas agujas ajenas, y que enajenan.

La tormenta se cierne sobre mí

Los truenos descargaban con fuerza.
Eran dulzura resonante,
las olas acompañaban sus notas,
escurridizas, deseadas. Se hacían esperar.
Y a mis oídos clamaban.
Pero ellos escuchaban con atención el más allá.

La tormenta se cierne sobre mí.

El relámpago la realidad iluminaba.
Era imprevisible, fugaz,
enfocaba toda imagen.
El reflejo del universo entero en un instante.
Y ante mis ojos se alzaba.
Pero ellos miraban con atención el más allá.

La tormenta se cierne sobre mí.

El viento el océano estremecía.
Con toda armonía susurraba
notas de fragante música.
Se movía, y todo lo movía consigo.
Y a mi alma agitaba.
Pero ella ni se inmutó.

La tormenta se cierne sobre mí.

Y ahora, tras mucho tiempo, de repente.
El trueno a mis oídos clamó.
El relámpago ante mí se alzó.
El viento a mi alma agitó.
Y todo mi ser se mueve con esta tormenta
de amor.

La tormenta se cierne sobre mí

La luna, muy alta en el cielo, sobre las nubes,
descarga toda su intensidad sobre el mundo.
Y el mundo ha decidido guardarla en mí.

 La tormenta se cierne sobre mí
 Y yo la abrazo con pasión.

sábado, 3 de marzo de 2012

Notas inquietantes

Me asusta. Sinceramente, me asusta haber llegado a este pensamiento. Podría ser reflejo de cuanto siento en esta dichosa realidad. Pero... ¿cuánta dicha hay en ella?
Ser humano. Esa es la realidad. Ser hombre. Esa es la mía.

Mil veces me he cuestionado si la felicidad es la verdadera meta del hombre. La respuesta siempre fue la misma: ¿cuál sino? Y me maravilló esa respuesta. Pero he de reconocer una cosa: Tiene una grieta. La tiene. Siempre me inquietó. Y hoy la he encontrado...

Si el amor es fuente de esa felicidad, amor a cuanto existe, amor a la vida. Si es tal, podemos pensar que estamos condenados a ser felices. Es un hecho, irremediable, que como seres humanos queremos y deseamos. Jugosas cadenas a las que nos agarramos, para oler su fragancia.

Descarriados los hay por millones. Tantos aquellos que buscan cuanto de por sí les destruye.
Y el mero hecho de que existe "cuanto no destruye" (ese amor, y esa felicidad), es esperanza, y a la vez condena.
Y es condena porque nos ata a esta vida, una felicidad duradera por toda nuestra existencia, y condenados cual seres humanos a querer acercarnos a ella. No seré yo quien renuncie a esta condena, pues soy humano. Soy hombre.
Si nos soltamos de esta cadena (el amor y por consiguiente la felicidad), sea a consciencia, o no, renunciaremos a nuestra humanidad: y sin dejar de ser humanos, en la falsa creencia de ser diferentes, martirizaremos al resto, trataremos de soltar al resto de sus cadenas (atadas a su humana existencia...), y sólo lograremos agonizar.

Pero me doy cuenta de que si bien el amor, esa felicidad, es la mayor que podemos alcanzar en esta vida, así descubro, por tanto, que no hay mayor placer, regocijo y gozo, que soltarnos de estas cadenas.

Con sangre en los dedos, de mi humana alma que solloza al hacerlo, escribo y contemplo:

Que no hay felicidad más verdadera,
en cuanto existe y no existe,
que la Muerte.

lunes, 9 de enero de 2012

Ilusión

Imagina un mundo en el que las semanas no existieran. Ni siquiera el domingo. Ni siquiera los meses. Ni siquiera los años.

Qué sería de los cumpleaños. Sonreiríamos al pensar en el nacimiento, una esencia desligada de todo prejuicio, apenas si atada a cuanto el siempre transcendental ser humano hubiere querido otorgarle. Nada más.
Y las estaciones. Sentiríamos el frío en nuestras carnes y pronunciaríamos: ya ha llegado el invierno. Y no al contrario. Sentiríamos el calor, y sin ningún calendario al que ceñirnos, gritaríamos: ¡todos al agua! Y no al revés.

La niñez, la adolescencia, la madurez, la adultez, la vejez... edades medidas en lunas, en primaveras, renaceres de un tiempo nuevo. Incluso, vayamos aún más lejos. La edad no está medida ni en lunas. Nadie tiene interés en conocer la edad de nadie. Nadie tiene interés en conservar su propia edad. Pues la única referencia está en el anciano, y en el niño.

Y ahora, después de todo esto, ¿existe acaso la posibilidad de alcanzar esto? ¿Quién destruirá los convenios de las mentes de todo ser humano, el metro de platino e iridio, el termómetro de Celsius, quién?

Apenas si tiene solución. La devolución de la existencia al tiempo es un acto que roza lo imposible. E imposible es acabar con el metro del Louvre, ¿o quizá no tanto?

Es entonces primordial conocer la diferencia que existe entre el tiempo y el metro, entre un convenio y otro. Sólo así podremos destruir los verdaderos demonios que asolan nuestro mundo, de detalle en detalle, imperceptibles, pero tan contundentes como el huracán del vuelo de una convenientemente bella mariposa.
Así podremos acabar con ellos, uno a uno, empezando por los más manifiestos, los picos del iceberg, como el derecho, el deber o el dinero.
Y el iceberg, sin blanco pero afilado pico que asomar, ascenderá a encararse al mundo, cual bello y grande copo de nieve, dispuesto a absorber de por sí a todo hombre.

Pero es el hombre quién debe darse cuenta de la belleza del mundo. De sí, de ella, del resto. Hasta del más despreciable. Y cuando encuentre la belleza en la persona más vil, en la deshonra de su raza, no podrá jamás volver a contemplar sino con horror esa masa blanquecina que a su estirpe amenaza, a su especie diezma, a su universo consume.
Y entonces el hombre dará cuenta de la belleza del mundo, la dará. La justicia, el honor y cuanto ocasiona pena y daño a su mortecina luz serán eliminados, abducidos por la belleza de lo humano. Las artes emergerán. A todo la pasión recubrirá.

El tiempo, entonces, será no más que el observador de una raza humana, plenamente humana, sabedora de sus designios, sus orígenes y su actualidad. La ciencia, no más que un recuerdo, establecerá su corolario final:
"Después de todo, nuestra realidad se reducía a cuanto sentíamos. Y, de hecho, sentimos. Con pasión."
Cantaba el viento una melodía azabache en el más recóndito claro del bosque. La luna observaba el movimiento de cada sonido que por él se propagaba, entrelazando cada singular especie, cada sentimiento.

Éramos nosotros quienes impregnábamos a la misma música... de vida.

martes, 3 de enero de 2012

El Arte de las Musas

Agonizo en el espejo, me observo: no veo notas musicales.

Comienza un nuevo día. La esperanza abriga tu senda.

Sonríes, caminas, hablas, escuchas, pides, recibes, ríes.
Frunces, gesticulas, haces, saltas, agachas, preguntas, invitas.
Luchas, reordenas, cumples, olvidas, vives, mueres, sorprendes, insistes.

Final del día. Lo enciendo. Y empiezo a rememorar.

¿Dónde quedó ese río? ¿Dó el fluvial aluvión de sonidos?
¿Y esos sensibles roces? ¿Qué fueron de las caricias al alma?
Y tras todo esto... ¿Qué es un zénit sin un inicio ni un final?

Final. Lo apago. Comprendo. Me giro: mi imagen.

Agonizo en el espejo, me observo: no veo notas musicales.

La Pálida Luna

El flujo de la vida se detiene cuando la Luna Llena aparece. Una gran Luna sepia que inunda los corazones de todo ser vivo inocente que se vuelve a contemplarla.
La Luna, sin embargo, al poco se torna fría. En el púrpura aroma de la noche, ella se vuelve blanquecina, tímida, huidiza. Ya no es posible mirarla con pasión. Es nostalgia.
La Luna corre a esconderse en un mar de nubes. Y pasa una. Y otra.
Deseo encontrarla. Deseo que la noche nunca llegue a término, que no haya amanecer para nosotros.
En mi naturaleza está ser su Alba. El Alba de una Pálida Luna que aspira a renacer y brillar con la gloria del Sol, en la oscuridad de la Noche.
¿Y acaso no es el Tiempo un fragmento de la libre voluntad de la Luna?


jueves, 29 de diciembre de 2011

Ataviado en hielo

 Ataviado en hielo
avanza el caballero.

Grandes tsunamis,
tifones colosales
rocío de azafrán,
Desierto de alegrías, calores de un volcán.
No son para sí
[más que
Grises lágrimas de arena,
calmas propias
de una gran tempestad,
Campo de cenizas, cenizas de un volcán.

Y ataviado en hielo,
avanza el caballero.

Anochece un día duro,
el sol se acuesta esplendoroso,
su paño frío y sudoroso,
despide al caballero oscuro.
Un segundo sol lo saluda,
como el otro, es ardiente
[evidente,
el caballero no lo es,
y por naturaleza,
le hinca el diente.

Ataviado en hielo,
avanza el caballero.

Muerta la estrella, renace el caballero.
Agujero del que nunca sales,
la existencia lo es todo para ti,
no es la luz sino tu aperitivo,
no es la oscuridad sino tu destino,
pues tu existencia es singular
[consiste en crecer]
tu crecer es proyectar sombras,
extirpar el alma al curioso,
Caballero de las tinieblas:
oscuridad es su nombre,
devastación, su apellido.

 Ataviado en hielo,
avanza el caballero.

--No está vivo, no es inerte:
Es el soplo de la muerte.

Y cien caballeros caminan al compás
de una marcha nupcial.
¿Cómo hablarle de la vida a aquél que no la percibe?
¿Cómo hablarle de la muerte a aquél que no la recibe?
Mira y observa, van a por ti.
Pues Cien caballeros caminan al compás
de tu réquiem mortal.

--Estás vivo, vives y mueres:
Que el gris de tu alma nunca se adueñe.

Grandes tsunamis,
tifones colosales
rocío de azafrán,
Desierto de alegrías, calores de un volcán.
No son para sí
[más que
Grises lágrimas de arena,
calmas propias
de una gran tempestad,
Campo de cenizas, cenizas de un volcán.

{Ataviado en hielo,
agoniza el caballero:
La fiera luz devastada
a su alma carcome,
a su desidia se impone,
a su vida le propone.}
{Lo cual no es más que un sueño...}...

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Tal vez sea hora de acostarme.
Ya es la noche. Y hoy será un día duro.
Despido a mi sol, ya alto, muy alto en el cielo.
Quién llamare sol a, no al astro rey más luminoso, sino al que más luz quiere regalarte. Quién te llamara sol con toda devoción, con palabras hechas de la luz que tú misma me otorgaste. Tú.
Y me alzo, alto, muy alto en el cielo, presto a reunirme contigo.
Adiós caballero.
Adiós.

martes, 27 de diciembre de 2011

La Esperanza: Agonía de un deseo

When a man is in despair, it means that he still believes in something
Shostakóvich

Esperar no es sino aceptar el criterio del Tiempo.

El Tiempo es quién da la razón, dirán muchos: Pero son nuestros actos los que definen el futuro. ¿Acaso no está la realidad hecha de sueños? Si deseas algo con todo tu corazón, nunca deberás aceptar el criterio del Tiempo, cuanto el Destino quiera designarte, con lo que resignarte.

Todo cuanto está en tu mano está hecho, y el cronómetro se pone a cero. Cuando lo único que resta es esperar, en la Confianza de que llegue todo cuanto anhelas. Y quieres pensar que esa Confianza está fundamentada en todo cuanto has hecho, pero sabes que no es cierto: Si tal fundamento fuera suficientemente sólido, la mismísima Espera no tendría razón de existencia.

Confianza malfundamentada e inocente.

Se trata de un sentimiento de confianza que nace, o que debe nacer con tal de no caer en la desesperanza, en el deseo de que así ocurrirá. Porque si no ocurre así...
Y es por esos sueños, por ese futuro, por el que se vive y se muere.

La Espera se convierte, llegado a este punto, en un corredor suficientemente emotivo. Y tras el corredor espera ese sueño, por el que vivirás... o morirás.
Tal es el dilema de la Espera, y tal la respuesta de nuestro corazón: confianza, inocencia...

En definitiva, Esperanza.